El jardín de las perfidias

Noviembre 2, 2009

Y con el frío las membranas de mis manos encontraron sus axiomillas plantadas entre turba, abalorios y aljófares. ¿Que ocurrió? Preguntó ella despechada… La respuesta se encontró en el magnicidio de sus 798 corazones.

Infinitud y las infinitudes grandilocuentes nos cegaron el primer mes, gnosis de más para hacer quinielas cardíacas en la correspondencia que nos llegaba de Manila.

De lance en lance aquel meandro fue testigo de nuestras inclemencias de aspirinas efervescentes, éramos la neurótica antitesis del balanceo de una campana de mimbre, contoneo que fue nuestro último escondrijo. Sucumbió a un letargo en almíbar un largo etcétera de voluntades y el frío adriártico, se perdió en mis aposentos entre corazones tragicomediales, joyeritos de música con percebes de bailarinas y un infinito domingo se vio obligada a abandonar el jardín, un telegrama entre sus piernas chorreantes de horchata marcaba la lentitud acelerada de lowcost hormonoides de sus macabras actuaciones.

@asiomnia se enfundó sus leggins rosas y nos encuaderno en su librito de 9 octavas.

Autopsia lunar

Octubre 17, 2009

Aún estoy en el contrato de la vida y el aire en escabeche aun sigue en la bóveda antártica y el tímpano de un mandril y las rosas y los pistilos y las escafandras en blanco y negro, todo perpetuamente oblicuo.

No mas para desmesurar mis sándwich con queso, no mas para huir de los aeropuertos, mas aun para clavar la estaca al pepinillos en vinagre, unos días, demasiados helados, compasivos ¿quizás? Redistribuyendo normas y deberes. Desintégrales genéricas amantes del porexpán eso era el Sábado y tres meses después estaba en su funeral y yo iba disfrazado de lágrima y corazón, como si hubiese salido del musical de JULIÁN MUÑOZ, una tormenta tropical en un tequila.

Mery Jane se puso su chaqueta gris y una cardigan del 98, abrió al mendigo en una autopsia lunar, hizo una replica al concilio de Trento y se introdujo nasalmente una ralla de maternidad y otra de polvo de fluorescente, dejó en babilonia en un restaurante español un gemido y en él un escrito que decía: “ÁRMAME”

Hoy es mi SS cumpleaños y aun me pregunto si los dromedarios llegaron a la estación de Sants, si los días felices siguen siendo apátridas, si las rosas y los claveles amputados aun le pertenecen, si mi moral corrige las felicitaciones, me pregunto si somos viriles, si 22 es el numero del placer industrial en el transbordo de la línea 1, si me noto modernillo o emperador, si claudico con el ejemplo utópico de Mategna, si San Sebastian aun bendice mis flechas de encáustica anyway, si Norma Duval controla Normandía, si el norte se pierde en brújulas de sombras chinescas, si Hemingway nos da de comer como a los pollos, si mi bula sigue hilando a papanatas, mojigatos, peleles y cumpleañeros menstruales, si Cárnicas González aun nos ve besarnos.

En un día como hoy de diezmo y escopetas solo merezco representar 22 nacimientos permisibles Keplerianos en una rebanada de pan 4 quesos, hierva y musgo que filtrado a partes iguales son el suspiro de un Martini déspota.

Conmerecimientos convertidos en convenios consensuados.

Jeff Koompleaños Fusil.

Lo efímero es algo que no se puede ahogar en tranquimacines, el amor es algo desnutrido en sus apéndices victorianos, desdentado en su significado griego y marchito en su plenitud desprendida de locura, la idea indefinida de amor renace de un contexto infinito, parte de un razonamiento imbecil y se dirige hacia la mas profunda soledad en pareja, acostado cada noche con un mejillón, la confluencia de ideales desiste en un imperioso corte de tallarines que deshace los nudos de papel maché de las almohadas, el amor es la muerte ecuestre, la ternura del mendigo, el romanticismo del coño…

El desorden rige la verdad monopoliza las histriónicas estadísticas de una corazonada cotejándolas con los delfinarios de apéndices de la locura del tiempo, del sentido de los sueños epistemológicos, las desestructuras completas, los ebanistas de sueños y los enSAMblajes del ayer.

Barro y muerte en Las Vegas. Cristalitos que se deshacían entre las córneas estalactíticas de mis encoleraciones sentimentales. Aparentemente la furcia taponaba mis ventrículas disfrazada de carnaval y me daba de beber el jugo del racimo de uvas y uñas de porcelana que emanaba de su aorta, los impertinentes diálogos que se fermentaban en su grito de velociraptor desesperaban mis patitas de cangrejo. Noches de anillos jupiteros perdidos en el polen del bálsamo de su cordero y que a sus vez hacía que nos marcáramos el pentimento, despreciando a la razón.

Urbanitas fuera de tiesto y glaucoma fucsia eso era lo que se veía desde su pulmón derecho, recostado pláteamente en su flanco derecho, agachado en mi estancia, enclavada en el ritmo metronímico de su coraçao con kohol.

Su megalopolis era el fratricidio del placton entre almendras operadas de apéndice
y las termitas de sus dientes eran bondadosas fiebres desmitificadas. Si me quieres redúceme a cenizas…

La mostaza seguía goteando en el reloj de arena de mi naturalidad y los dientes de murciélago apretaban mis pupilas haciendo ondas concéntricas, las noches de aquel viernes retribuían a pequeños sorbetes de champagne en las plazas de mazapán de mis riñones. En los pequeños jardines entrecomillados las sensaciones permanentemente encontradas en los escondrijos de las voces entremezcladas de Francis Lorenzo y Jaime Bores y que hacían de nativos sementales. Sus valientes libretas hipertapizadas hablaban de nuestros pequeños sueños de legumbres contratadas interprofesionalmente. Unos instantes después el ruido de sus mocasines escamó la realeza de mis percepciones y ahogó mis agallas en aquel whisky barato…

Un par de meses después nació nuestro primer hijo, un tulipán. Los monederos se mantenían en la calle y los globos llenos de helio berhanyer sembraban un trágico amanecer, se arrastraban las panderetas y las sonrisas a medio construir y entre tantas permanencias despatriarcadas seguían mis lágrimas emponzoñadas en el vaivén de sus manos, era la vez que dios había necesitado para hacer el mundo, follar y desmaterializarse. 

La concomitancia aborigena

Septiembre 3, 2009

Los silencios que se escupen de las retransmisiones interpretativas complacientes y llenas de marcapasos de su pelo, las infravaloraciones de su espíritu libre, las palomas con rayos cinéticos en sus alas y las ancas que se escuchan en el pestañeo de sus ojos formulan paradojas entre las palabras escritas en sus brazos. Volver, entre sus manos y a partir de su dios, perdidos los anillos en el encuadre de mi ventana y su biodireccionalidad, su risa, el volver de mi arrogancia, las huellas plausibles de su domingo, la realidad finita en compresiones de rebeldía adolescente y algunos ruidos que no escuché por el sonido de las palomitas.

Volver, como volver envolviendo el volver de su envoltorio para revolver su vuelta y seguir volteando su cansada y olvidada contienda. Su Tiffany’s, su claroscuro, un perfil en la hiedra y entre corcheras un pequeño diamante en el cobijo de su mueca.

Todo fue demasiado efímero por eso alguien nunca supo lo que pasó.

Para mí el año acaba el 31 de Agosto, se marchitan los buenos momentos del verano, el sol, la desnaturalidad híbrida de la felicidad vocacional, la fiebre del amor en la fibra óptica de la brisa del mar, las borracheras y los pendientes perdidos en la arena, los grupos terroristas del amor y las lágrimas calientes. Nos ablandamos con el puerto y las chicharras, con las esperanzas de lo encapsulado, con el si y las milongas de amor, partimos con las hojas verdes y con los sentimientos de la locura en nuestras pantorrillas, vomitonas en pareja, actos de romanticismo sin comprensión, vivencias en formol, bravura de lo incorregible, pechos lactantes galopando en frentes con desatinos, tal vez comprensivamente nos iremos al infinito, del verano al infinito sin embargo auguraremos la explosión de un cohete espacial en el aire antes de llegar a su destino, la emérita tipografía consensuada de apagar la luz, lecturas de lo prosternable, el verano de lomografías y perturbaciones en el salitre de tus orejas.

Me marcho de vacaciones al paraíso donde las patas de cerdo son los presidentes y no hay bondad sin razón, volveré en Septiembre con las verdades de mi mundo, perspicacia literaria, otra noticia es que LISBOA Y LAS FLORES METAFÓRICAS ya está escrito, cuidado con la asomnia y con morder los lados.

Oh maldita normalidad constrictora!

Me juzgan sin conocerme como abuelitas de noches de champagne, me matan con los trapicheos entibiados entre dientes del populacho, me lanzan pirañas decantadas y paradojas gitanas, descamadas contrasentidos en no admitir. Ese es mi día a día y creo que estoy empachado, mis contestadores elitistas saturados de contener las mismas siestas, las mismas frases, creo que necesito un Silicon Valley o un Apocalipsis Now o un dentista autoasistido para que me provoque lagrimas de placer y autosuicidio. Es por eso que voy a poner el punto equilibrista de un punto y coma en sus malditos prejuicios reprochables y primitivos para azotarles con la vara prestidigitadora de girasoles y tirarles un pomelo para que despierten de su estúpida ignorante normalidad.

Mi vida no es un jardín de púber con relajantes musculares, cada día mi peinado se transforma en una excedra de miradas risorias en el mongólico autobús, me levanto entre medio de ensaimadas con corazón de acantilados y medicamentos de caligüela, camino por la calle sin que nadie quite su mirada de mis tumbas personajísticas… Manuela si hasta los de gran hermano, por dios, hasta los de gran hermano, no doy abasto mi colera, las reglas y las destituciones oprimen mi pecho como si de un yogurt se tratase!

Creo que estoy harto de que me miren sin permiso, de tener solo conocidos de serrín, paja y ceniza, de las tardes semiLCDizadas, todo esto ya me sobrepasa!!! Que queréis que haga malditos bastardos que cambie? Que sea como vosotros? soy raro y que de mi rareza nazca el motivo para ser feliz!

Trata de impermeabilizar un poco o de invocar profundidades o incluso habrar con R y ejercitar los pulmones con h intervocálicas que sususpiren por diagonalizar tu estúpida cabellera, así sigo, sobresaturando ensaimadas con crema de Bastian y unos gusanito demás, dejando las tajadas de sandias y los Chaperos Jacksons en otros sintagmas cutrerráneos y con una deixis un poco mas animal. Voy a bastarme y a jactarme de todas las encriptaciones lingüísticas que gente sin lenguas viperinas no alcance desbacterializar y no voy a hablar de violación hormonal porque es demasiado escrotológico para mi.

Al levantarse, Joe Vendetta en un arrebato de desacato encontró cutículas muertas en su almohada, no era por la descamación de su pellejo, sino por morriñas de amores flirteados. Como a Joe a veces me pasa que desmiento cosas que luego me procuro, contaminadas.

Estoy cansado de: taquicardias descaperucitadas, sombras de cortejos en conejos divinos, que nadie se siente conmigo en el autobús, bombas de soslayo y monturas de Léolo, de la mediocridad en el crepúsculo, del manto de la niebla de quejumbrosidades atapueriles, del alcohol de sobre, de los IVA’s y los IVO’s, de las mentiras irracionales, de mi toldo enmoheizado de San Pancracios de a pie, desmentir las dillas, kualalumportando juguetes, la carraca del diente de bronce de tu hermana, trasnochar ventricularmente, metapluralizar parábolas deshollinadas en Marías Magdalenas, la muerte, el rocío, el claxon de los que mandan y de que mi amor quede entre tu, yo y Scotland Yard!